Esther Díaz: esto no es una ficción

 

Por María Jesús Abril

Esther Díaz es doctora en filosofía, epistemóloga y ensayista argentina. Tiene 80 años y se mantiene en su propia filosofía punk. Su obra incluye estudios y ensayos sobre los discursos, el poder y las prácticas sexuales contemporáneas. En esta ocasión, hablamos sobre el contexto que nos atraviesa.

Esther Díaz en Mujer Nómade

María Jesús: Sé que te gusta Spinoza, él habla mucho de cómo el conocimiento garantiza libertad para lxs individuos. En momentos pandémicos, donde realmente no hay conocimiento de cómo funciona el virus o cómo impacta en nuestros cuerpos ¿cuál crees que es el rol de la libertad?

 

Esther: Las libertades, sea cual sean , individuales o sociales no son infinitas, tienen límites, tienen fronteras y la frontera es siempre la libertad del otro. En el caso que estamos viviendo, que es una pandemia y estamos todos igualmente comprometidos, cualquier acto que hagamos: cuidarnos o no, usar tapabocas o no, involucra a otros. Por ejemplo, en otro orden de cosas yo defiendo a alguien que no quiera vivir más, el suicidio o la eutanasia incluso, pero esa es una decisión individual. Si vivo en un país donde pueden colocarme una inyección letal, es una decisión mía y no embromo a nadie, no perjudico a otros, pero el tema tan particular que como bien dijiste actualmente vivimos hace que haya tipos decisiones en las cuales no estoy perjudicando solamente mi persona y mi subjetividad sino que también involucra a otros anónimos.

 

Es por esto que la ética, como todas las cosas inventadas por los seres humanos, no es de hierro, no es universal, una y para todos los casos. Hay que ir adaptando, yo diría casi lo que en justicia sería jurisprudencia. Es decir, la ley es universal, pero cuando viene un caso particular lo tengo que analizar en función de esta particularidad. Para nosotros acá es lo mismo, estamos en un caso particular , con tus acciones comprometes a la comunidad así que yo creo que hay que aclarar esa diferencia. 


 

MJ: ¿Crees que podemos vincular esta adaptación de la ética que nombras con  tu texto “La filosofìa de la ciencia como tecnologia de poder politico social”? Cuando hablas de  apostar a una “filosofía de la cultura”, en la búsqueda de  deconstruir las relaciones entre poder y verdad?

 

E: Totalmente y muy vinculado con el momento que estamos viviendo con esta pandemia, porque fijate vos que como empezaste a hablar de la ciencia justamente me abrís un sendero para que marque la discriminación que hay dentro de las ciencias. Fijate que los asesores políticos en esta pandemia, en la mayoría de los países del mundo, son médicos o gente que está muy relacionada al tema médico. Hubo críticas sobre esto, yo fui una de las  que públicamente me manifesté en periódicos nacionales al respecto, porque no puede ser. La pandemia es una cosa demasiado seria para dejarla sola en manos del personal médico. No porque el personal médico no tenga que estar, por supuesto que debe y es necesario, pero no es suficiente. Haría falta gente de otras ciencias además de las médicas, que ni siquiera son ciencias, más bien es una disciplina técnica. Sin embargo, estamos en manos de ellas, si bien las decisiones las toman los políticos, las toman según lo que les dicen los expertos. ¿Cómo puede ser que sean expertos en temas puramente medicinales? Acá hay problemas socio-ambientales, por ejemplo la decisión de que sea una cuarentena tan larga, como los mala onda dicen “la más larga de la historia”, que no importa nada si lo es, en la medida que evitó que tuviéramos que tirar cadáveres a la calle. O el hecho de que en algunos lugares del mundo, por ejemplo, donde ya quedan solo dos o tres lugares en terapia intensiva: llega el momento tremendo en donde la ética tiene mucho que decir y es a quién le damos un respirador o no. ¿Por qué con qué criterio el médico decide que salvamos al más joven? Ese es un criterio tan arbitrario como cualquier otro. Ahí debería haber comité de expertos para decidir, incluso en diálogo con el paciente. Porque yo, honestamente, por lo grande que soy doy de grupo de súper riesgo, tengo muy presente que si me llega a contar no la voy a contar. Pero te juro, que si me llega a tocar y tengo conciencia, pido que no me metan un respirador, y a lo mejor soy más joven que otro de 90 y me lo quieren poner a mi. Pero cómo no va  a haber psicólogos, ni especialistas que no sean puramente clínicos ni siquiera voy a poder tomar una decisión yo como ser humano. 

 

Es por esto, aunque sea una obviedad lo que digo, que estamos en una bisagra de la historia, donde todo está cambiando a pensar de nosotros. 

 

MJ: En este sentido, ¿Cuál considerás que debería ser la correcta tarea de las ciencias humanas y sociales en esta pandemia?

 

E: Y bueno justamente lo que te dije antes, en un caso extremo como este de tomar decisiones sobre a quién permitir sobrevivir y quién es descartable. Eso no puedo hacerlo únicamente con la ciencia médica. ¿Qué puede hacer un filósofo? Reflexionar, como yo estoy reflexionando acá con vos desde el punto de vista de la ética, e incluso con otra disciplina que es una rama filosófica como la bioética: que se plantea la ética en relación directa con la vida. Están después los psicólogos, que pueden encontrarse con casos como el que te cuento. Yo honestamente, no se, lo digo ahora en frío, pero creo que preferiría que no me den el respirador. No solamente por dárselo a otro, no. Es por egoísmo, yo se que entrar en un respirador significa perder el 80% de tus capacidades vitales aunque salgas vivo, porque es una cosa muy artificial, que se presiona sobre el cuerpo para hacerlo revivir cuando ya debería estar muerto: así que yo igual eh, aunque sea la única persona en el mundo que lo necesita. No quiero estirar una vida que ya no es, la vida no es solamente respirar como hicieron por ejemplo con Cerati, ¿eso es vida? La vida es esto, poder comunicarse con el otro, poder amar, reir, llorar. Alguien que respira es una máquina, nada más. ¿Ves como son  todos temas humanísticos de los que hablamos? ¿Como llevamos tanto tiempo hablando de la pandemia y no hemos nombrado al virus?

 

MJ: Social y humanamente la tecnología ha cumplido un papel muy importante durante este aislamiento ¿cómo vivís este vínculo vos?

 

E: Como casi todos, por no decir todos, los productos humanos, que tienen su fase positiva y su fase impositiva. Lo positivo sin lugar a dudas es esto, el milagro de estar a miles de kilómetros y que nos estamos comunicando. Yo veo tu imagen, vos ves la mía, mutuamente nos escuchamos e incluso hasta podemos comunicarnos emociones, ahora alguna de las dos puede decir algo que emocione a la otra o que nos de risa, o bronca. Es decir que esta comunicación no es ficción, es real. ¿Pero estamos realmente comunicándonos? O sea, si yo quisiera tocarte, ¿podría? Si te pusiste perfume ¿podría olerlo? 

 

Hemos perdido de los 5 sentidos que tenemos, los clásicos (porque yo creo que tenemos más) pero pongamos esos, ya hemos perdido tres: el olfato, el tacto y el gusto. Por ejemplo, en el caso del sexting, no se puede chupar, no se puede besar, ni tocarse: no hay volumen, ni superficies. Se pierde todo eso que tanto se nota en las relaciones sean sexo afectivas o no. Sucedió también por ejemplo, en la educación, que este año fue perdido. Y nunca dejaron de comunicarse docentes y estudiantes, pero no se aprendió nada, era una cosa o demasiado artificial o demasiado nueva.  De la noche a la mañana tuvimos que aprender de todo, incluso a hacer escenografías, recién yo pensaba que esta entrevista no era con video y cuando me dijiste que sí, me agarró una especie de desesperación. Yo sé la luz que tengo que poner o sacar, si es de día lo que tengo que cerrar o abrir. 

 

Estamos aprendiendo nuevas tecnologías a través de esto, y hemos perdido nada menos que la presencialidad. No sé cuándo vamos a poder volver a besar sin miedo, no se si alguna vez en la Argentina va a volverse a imponer el mate compartido. Esto va para largo, vemos los rebrotes en otros países. Tenemos que re hacernos de nuevo, volver a vivir. 

 

Siempre recuerdo, una vez en Colombia hablaba con un hombre de allí, de clase muy alta (en ese país casi no hay clases media, es alta o muy baja) y cuando yo le cuento la realidad nuestra, por ejemplo que yo tengo 80 años y a pesar de estar jubilada sigo trabajando. Entonces él me cuenta que un profesional, similar a mi por ejemplo, en su país, a los 50 años cierra cajas: es decir, se jubila y se avejenta. Recuerdo que me dijo: la ventaja que tienen los argentinos es que no pueden envejecer, siempre tienen que empezar de nuevo.