Julieta Gómez Blumen: la gestión cultural como nexo

 

Por Sofía Saal

Entender la gestión cultural como un “dar lugar a...”: historias, narrativas o relatos invisibilizados. Evitar los protagonismos de siempre. Materializar desde el privilegio de ser gestor/a, lo que otrxs dicen. Servir de nexo. Escuchar.

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Julieta Gómez Blumen (Colombo-Argentina, 1994) es Licenciada en Gestión Cultural (UNTREF). Desde 2017 dirige el Festival Byte Footage, proyecto que busca representar e investigar los usos y poéticas del archivo digital en una clave latinoamericana e interseccional. Le interesa pensar la gestión cultural como un oficio de contextualización, vinculación y cuidado constante de ideas, proyectos y personas. Ha trabajado en diversas instituciones y proyectos tanto públicos como privados tales como el Centro Cultural Recoleta, Centro Cultural Kirchner, Bienal Sur, Bienal de la Imagen en Movimiento, MUNTREF, entre otras.

 

En Septiembre y Octubre se realizó la edición  Byte Beta, una antesala virtual al Festival Byte Footage que se realizará de manera física el próximo año bajo la premisa: Hábitos Tecnológicos. Dialogamos con Julieta sobre las conversaciones en pandemia que decantaron en este pre-festival, la importancia del archivo y la gestión cultural como mediación para poner en valor conocimientos invisibilizados.

 

Sofía: ¿Cuáles fueron los temas principales abordados en Byte-Beta?
 

Julieta: Me interesa representar cosas que no sean únicamente de las artes visuales o digitales y mediales, y esto me dió la oportunidad para invitar a filosofxs, activistas, gestorxs a pensar no tanto desde el arte. Es decir no tanto con ese peso que se le está poniendo al arte de “ustedes representen y den respuesta a todo este caos que es el mundo”, sino a personas que lo están pensando hace más rato. Obviamente lxs artistas también lo están haciendo,  quizás la idea es darle lugar a las conversaciones que suceden en disciplinas que rodean el arte, que habitan su margen. El arte de por sí ya toma estos conocimientos, entonces es darle lugar a estos, que se charlen, porque también personalmente a Camila Albertocchi, productora de Byte Footage, y a mí nos está interesando cada vez más la antropología, la sociología y el activismo que la representación por la representación misma. 

 

La idea era armar cuatro jornadas, y que cada una tenga un eje temático relacionado a lo que estuvo pasando en pandemia. El primer día era cuerpos sobreadaptados, el segundo día era sobre conocimientos y reflexiones como: indigenismo, racismo, activismo de todo tipo; el tercero era más de espacios de taller, de conocimientos, herramientas y el cuarto era de los cuidados y los afectos, que es un tema de agenda hace años pero que la pandemia aceleró. Este último tema nos interesa no solo  porque es de las cosas que más estamos precisando ahora, sino porque se empezó a cuestionar mucho sobre quién está haciendo los trabajos de cuidado. 

 

S: ¿Cuidados en qué sentido?

 

J: Cuidados en términos de trabajos. No solamente trabajadorxs de salud sino cuidado afectivo, emocional, mental. La salud en términos más abstractos. A mí me interesa mucho la temática del cuidado en general, porque siento que es algo que estamos deconstruyendo: ¿Cómo nos cuidamos a nosotras mismas? ¿Cómo cuidás a tus amigas? ¿Cómo cuidás a tus xadres? ¿Cómo te corrés del lugar de ser cuidada a cuidar? Y todo esto desde una visión transfeminista del cuidado que es poner en cuestión quiénes son las personas que ejercen los cuidados, cómo los ejercen, cómo se ven remuneradas. Es un tema que se re viene trabajando pero que justo en pandemia fue lo que más se necesitó y se visibilizó lo precarizado que está. Siempre, sea el trabajo doméstico, el trabajo de la casa, el trabajo de salud. Entonces quisimos hacer una jornada solamente sobre esto porque había mucha tela para cortar, muchas cosas que decir. 

 

S: El festival tiene una perspectiva latinoamericana muy fuerte, ¿vieron algo en particular desde ese punto de vista  con respecto al cuidado?

 

J: Sí, yo todo lo que digo lo hago desde esa perspectiva. Siento que cualquier cosa que pueda decir es siempre desde una primera persona que habitó eso siempre. Yo nací en Colombia y viví ahí hasta los 12 años, entonces también tengo un amor muy grande por la región. Soy una pesada con eso, super latinoamericanista con un montón de cosas. Y el cuidado acá, en términos generales, en Latinoamérica está más precarizado que en cualquier otro lugar. Mismo porque en Latinoamérica la gente tiene una empleada doméstica, que es relativamente “común”, en el sentido que la clase media puede acceder a pagar una trabajadora doméstica, justamente por lo mal remunerado y poco regularizado que está, y en cualquier otro lado es algo que hacen personas solamente que tienen mucho mucho dinero… y, no porque EEUU y Europa sean mejores, pero eso habla de que acá todavía no podemos aún valorizar ciertas cosas del cuidado que en otros países quizás sí. Y está totalmente relacionado al género y a la visión machista sobre los cuerpos. Me animo a decir que siento que en Latinoamérica estamos pensando el cuidado desde una forma mucho más importante que en muchos otros lugares. Hablaba con un amigo que vive en  España sobre la sinceridad, el afecto, el amor y las formas de vincularnos distintas a lo que nos enseñaron, y él lo hablaba como algo súper vanguardista y novedoso… y yo pensaba que todas esas redes de cuidado y de sostén acá en Argentina se vienen dando en los lugares más vulnerables porque es la manera de sobrevivir. Entonces, toda esa idea de cuidado en Latinoamérica es algo que sucede porque es algo que orgánicamente tiene que pasar. Eso es lo latinoamericano del cuidado que rescato mucho y que tenemos que seguir militando, sobre todo en los barrios. Hay mucho conocimiento sobre el cuidado que no está teorizado todavía (por suerte), y es más accesible porque se transmite con la oralidad y el hacer. 

 

S: Sobre esto que hablás de militancia en los barrios, me resulta muy importante el hecho de buscar la horizontalidad dentro de esas mismas prácticas porque es muy fácil intentar “apadrinar” y dejar de escuchar al otrx. 

 

J: Total. A mí me pasa mucho eso de cuestionar todo el tiempo mi lugar como persona de clase media blanca llena de privilegios, sobre todo en estos temas, que me encantan, pero no los puedo hablar desde una primera persona, por ejemplo el indigenismo y el racismo. Más allá de ser mujer latinoamericana, algo del interseccionalismo que hay que tener muy en cuenta. Para mí en el festival lo que tratamos de hacer es simplemente dar lugar a que sucedan discusiones. Y aprovechamos los privilegios que tenemos como tener un vínculo con el CCKirchner y haber estudiado una carrera de gestión que nos da lugar  para hacer cosas, es como decir “Bueno, todas estas personas que están hablando de cosas tan importantes, démosles un espacio para que esas cosas lo ocupen, lo tomen y lo apropien”. Es algo que siempre le decimos a las personas que invitamos a participar: lxs invitamos no simplemente porque nos interesa ese trabajo que hicieron sino porque nos interesa como colectivo el trabajo que vienen haciendo, y siempre va a haber un lugar para que se muestre algo de nuevo. 

 

A mí no me gusta eso de la curaduría de  “bueno curo esta obra de este artista porque me parece fundamental”... nuestra aproximación iba más como “che me interesa lo que hacés, ¿qué querés hacer? porque ellos lo deben tener más claro. Es como si invito a Isla Cyborg a escribir ensayos: che mirá el proyecto, ¿qué te dan ganas de hacer? porque la verdad que es dejar el juego medio abierto y que en la curaduría a veces es una paja. Muchas dudas con nombrarse curadora también, pero ¿qué es lo que está enfermo que tenes que curar? Me parece como raro. Pienso que la curaduría tiene que actuar más de facilitadora, para habilitar algo o darle lugar. Tengo todas estas cosas que puedo poner en valor, estos conocimientos de gestión o lo que sea, para que otros se enuncien. Es por ahí la cosa.

 

S: En Mendoza la curaduría no está tan instalada en ese sentido como en BA. Hay mucho personalismo en ese mundillo cuando en realidad estás mediando o facilitando la obra de estos sujetos. Serían como personas clave para llegar a esa data. 

 

J: Sí, en Buenos Aires es así. Y también hay algo de la curaduría que siento que se está quedando viejo y hay mucha gente que lo está pensando de una manera más interesante. Pero la idea de “yo me enuncio como la persona que está dándole sentido a toda esta unión de cosas” me parece que hay un ego trip ahí muy grande. Creo que estamos en un momento de impasse, venimos de esas prácticas y nos estamos acercando hacia otras. Yo que trabajo en eso, si bien hice curaduría nunca me enuncié desde ese lugar, y puedo criticarlo desde muchos lugares porque lo ví tan en la carne que me parece un bajón. Y esa analogía con el curar es, como decís vos, medio individualista también. El que cura, el que baja línea, el que sabe, que escribe el texto, que le da el sentido verbal a obras que quizá tienen un sentido más sensorial, o al que podés aproximarte de otra manera. A veces los textos curatoriales te marcan algo que quizás no te ibas a dar cuenta sola aproximándote desde otro lugar al trabajo. Nada, criticando la curaduría siempre. 

 

S: ¿Vos estudiaste gestión cultural?

 

J: Sí, yo estudié Gestión Cultural en la Untref, y siempre trabajé en museos, bienales, cosas más relacionadas al arte. Y en este último tiempo me siento más interesada por cosas que no tengan que ver con arte como la antropología, la sociología, y si bien Byte nació en un momento que yo estaba como full fan y maravillada del arte contemporáneo, arte digital. Y ahora me pasa algo que creo que es colectivo, que nos estamos dando cuenta que va por otro lado. 

 

S: ¿Sentís que tiene que ver con el momento de pandemia o más en general?

 

J: Sí, más que con la pandemia siento que tiene que ver con algo global de darnos cuenta que ciertas cosas ya no van más. Es como una gran apertura de ojos, como que se están bajando un montón de velos y uno de esos velos es la idea del crear, entendida como una idea que llega en soledad en tu taller o estudio. Siento que hay algo de esa práctica que está relacionada al arte más clásico y no me parece que funcione, pero si otras prácticas de arte participativo, arte colectivo o el arte como medio para enaltecer un proceso social, arte político. Desde la gestión, siento que también puedo habitar más esos espacios. Es eso, yo siento que en esta vida, en este cuerpo, lo que por ahora tengo que hacer es habilitar cosas que crea que me parezca importante nombrar, reunirme y trabajar con personas que estén pensando cosas parecidas a mí, que tengamos intereses parecidos y podamos optar por dar lugar a otras conversaciones que nos parezcan más importantes que nuestro propio deseo individual. 

 

S: Hablando de gestión cultural, ¿cuál creés que es el rol hoy y cuál pensás que es el rol de Cultura en cuanto a políticas públicas en esta materia?

 

J: Desde la gestión cultural me parece importante poder militar, situarse siempre en un contexto, y entender que si decidís ejercer la gestión cultural sos una persona que tiene que facilitar a que se cuenten historias que han sido invisibilizadas. Como que siento que en el 2020 eso es lo primero que hay que hacer, por eso hablábamos esto de la curaduría que me parece un montón de información innecesaria. Y quizás en el ámbito público va un poco por ahí también, solo que en un nivel más macro. El otro día en la charla de Identidad Marrón nos contaban que los están invitando a un montón de cosas a que den su mirada, y pensábamos qué importante sería generar espacios de asesoría para ciertos grupos usualmente minoritarios participen en la toma de decisiones o en la construcción de políticas públicas, porque sino estamos replicando los modelos desde los que venimos. Y no creo que no se esté haciendo, yo creo que se está haciendo. Por ejemplo, la Ley de Cupo Laboral Trans es una gran noticia. Sumar estas miradas que siempre fueron dejadas a un costado para la reflexión de políticas. La política pública en relación a la cultura me parece increíble, una fantasía absoluta. Pero sí creo que es un teje muy agotador también. Creo que lo primero, lo fundamental sería eso siempre. 

 

Desde lo individual, y desde mi trabajo en gestión, en términos lo que yo espero es darle lugar a conversaciones, historias, narrativas que usualmente dejamos de lado y que por suerte estamos empezando a mirar y acompañar. Creo que es escuchar fundamentalmente, escuchar qué tienen para decir. Y ver como vos con tu conocimiento y privilegio podés acompañar a estar personas para hacer que lo que dicen se pueda materializar. Va un poco por ahí creo. 

 

S: ¿En qué sentido específicamente hablás de las políticas públicas como fantasía?

 

J: Porque a mí todo lo que es a nivel macro me parece muy espectacular. Por esto mismo siento que cada vez me calienta menos lo que puede hacer una persona sola. Obvio que hoy puede tener una repercusión gigante, y creo que es importante la historia individual de cada une y que todo el mundo tiene cosas distintas para decir. Pero cuando se ejecutan cosas a nivel muy macro, la política pública, digo wow, la cantidad de vidas que esto está cambiando y que no tenemos la menor idea. Como la ley de cupo laboral trans. En Buenos Aires todo es muy porteño y centralizado, y te imaginás cómo afecta algo en CABA, pero cuando te abrís y decís: esto puede afectar a un club de barrio que recibe un subsidio en Tucumán, es muy groso. Ahí es cuando digo: qué fantasía es eso. Qué ganas. 

 

S: El festival surge con centralidad en el tema del archivo, que ahora se vió en la charla de Colectiva Materia desde una mirada posthumana. ¿Cuál es para vos la importancia de traer este tema?

 

J: El festival nació un poco con esa premisa de que hay muchas cosas en internet que están producidas en plataformas que “nos salvan la vida” pero al mismo tiempo me pregunto ¿cuál es la mirada latinoamericana que le podemos dar a todos esos archivos? Con esa premisa nació el festival y tiene una pata re fuerte en el archivo que en la primera edición fue super evidente. Pero cada vez menos porque estamos permitiéndonos anunciar otros temas. Y las chicas de Colectiva Materia, que es un colectivo de filósofas de la UBA que trabajan el materialismo posthumano, propusieron hacer algo con archivo. La importancia del archivo es para mi como la de traer bebés al mundo en el sentido de que ya hay mucho, hay demasiado, hay que frenar un segundo, revisar lo que hay y hacer algo con eso.  Por ejemplo con los videos que hicimos con el Archivo General de la Nación, los hizo Julia Parodi que es la editora, fue eso: el AGN tiene imágenes hermosísimas, todo muy blanco y negro, fantasía fílmica, pero los usamos para enunciar, por ejemplo, los trabajos de cuidado. Entonces, ahí es lo que yo creo que es increíble de trabajar con archivo, con esas mismas imágenes que en su momento narraban otra cosa, las saco de contexto y las sitúo en el presente con todo lo que está pasando y resultan ser clarísimas para un montón de personas para entender lo que es el trabajo de cuidado y la precarización de los cuerpos feminizados en el cuidado.

 

Entonces para mi el archivo es eso, verlo más como potencia y no tanto como el lugar de almacenamiento de información. Creo que el summum de una política pública o privada en un museo también sería darle lugar a un archivo. Si los museos le dieran al archivo el lugar que para mi merece, habría mucho más para hacer y sería mucho más rico todo. 

 

Algo que dijo muy bueno de la charla de Alejandra Piricci, que es una rumana que estuvo en el festival, es que con la pandemiatodos los artistas parecían como en un blackfriday del arte: todos hacen cosas, todos suben cosas, todos están tipo compartiendo, haciendo consumo de imágenes. Y pensábamos que en vez de producir más cosas los museos y las instituciones, ¿por qué no se ponen a valorizar todo el contenido que existió en los últimos 3 años? Ya es un montón. Siento que sería mucho mejor que ponernos a producir algo nuevo en este contexto donde se te invita a frenar y nadie frena, y estás como en una vorágine. Ponerle un ojo al archivo y trabajar con él, estar atentas a cómo se están guardando ciertas informaciones es también dar espacio a producir otras historias. 


 

S: Para el festival a futuro, ¿cuál es la idea concreta o qué vamos a encontrar?

 

J: En principio van a encontrar la selección de obras de la convocatoria sobre Hábitos Tecnológicos. Nuestra idea no es armar una sala blanca con las obras expuestas sino que las obras estén programadas durante el festival. Osea, si hay obras audiovisuales que estén proyectadas en ciclos de proyecciones, si hay fotos también, que se muestren, que nos sentemos a ver o escuchar. La edición anterior tuvo una muestra más tradicional tipo auricular y pantallas, que me parece super pero para esta edición queremos otra cosa, que sea más algo que vivencias...