Sensualidad algorítmica

Entrevista por Sofía Saal

Pasar por un accidente vial y no querer mirar pero no poder dejar de hacerlo. Ver una película de terror con los ojos tapados pero querer saber qué está pasando. Esto se llama pulsión escópica, una corriente que atraviesa el cuerpo y da la necesidad de conocer algo a pesar de saber que puede causar dolor o impresión. ¿Qué escenario se configura cuando la tecnología libera esta pulsión permanentemente? ¿Qué pasa con los sujetos en una época en la que todo está dado a ver y en la que se puede acceder a cualquier tipo de imagen en cualquier momento, desde cualquier lugar y de manera gratuita? Hablamos con la docente e investigadora Valentina Arias sobre los tiempos de sexting, donde reina la necesidad imperante de mirar y ser mirado.

Gucci Eyewear S/S 17 por Petra Collins

 

“Hace 20 o 30 años era impensado sacarte una foto de un órgano sexual”, comenta Valentina y lo tomamos como puntapié inicial para esta conversación sobre sexting y el juego de las miradas en el mundo de la sensualidad virtual.

Y continúa: “Podías sacártela pero era más difícil, no era común tener una cámara en tu casa, y la tenías que llevar después a revelar. Era mucho más difícil acceder a la vista de este tipo de cosas. En cambio ahora se ven, están. Se tiene acceso visualmente o escópicamente a imágenes que antes solían quedar afuera de la mirada y que ahora están ahí. Entonces, aparecen preguntas del psicoanálisis. Si la función escópica es tan importante en la formación de la subjetividad hay que pensar qué pasa cuándo una niña de 8 años ve una foto de una erección. No es una crítica moral, no es un escándalo que una niña vea un pene, sino que la pregunta es ¿Qué herramientas psíquicas esa nena tiene para darle sentido a esa imagen? Esa es la pregunta. Y si ven una imagen así que no le da sentido tan joven, eso puede después afectar negativamente el desarrollo de una sexualidad plena. Me parece importante señalar que siempre la pregunta tiene que ver a cómo afecta esto al sujeto de manera negativa para vivir por ejemplo una sexualidad profunda. Si vos a los 8 o 9 años ya tenés una vista de un pene en erección, o los varoncitos ya acceden a la pornografía y este discurso particular que tiene la pornografía a los 8 o 9 años cuando vayan a tener relaciones sexuales con una nena que no sabe hacer sexo oral y que no tiene el pubis absolutamente depilado y que no se presta para lo que quiere, y puede que sea muy difícil para ellos alcanzar una erección, es más común que tiendan a la agresión. Esa es la preocupación final de este tipo de cosas. ¿Qué pasa con los sujetos en una época en la que todo está dado a ver y a la que se puede acceder a cualquier tipo de imagen en cualquier momento, desde cualquier lugar y de manera gratuita? ”.

 

Sofia: En tu artículo “La mujer y el sexting: el cuerpo y la mirada en las nuevas prácticas de exhibición sexual” relacionas al sexting con la pulsión escópica ¿En qué consiste esta pulsión?

 

Valentina: Es un concepto psicoanalítico, técnico si se quiere. Escópica es una palabra que tiene que ver con la mirada. Y es la idea de que las pulsiones atraviesan el cuerpo. El concepto de pulsión está a mitad de camino entre el cuerpo y la psiquis. Entonces, es como si fuera una corriente psíquica que pasa por el cuerpo. Y que, si fuera por la pulsión en sí misma, la pulsión no tendría freno. Hay algo de la cultura cuando vos naces que lo que hace es ir poniéndole frenos a esa pulsión. La más conocida es la pulsión oral, esta idea que te lleva a hablar o a comer. La cultura te dice en qué horarios podes comer y en qué horarios no, hasta dónde, la cultura la va moldeando. 

 

El caso de la pulsión escópica está muy relacionado con el conocimiento y con el saber. Es esta idea de que el ser humano necesita ver. Por ejemplo, cuando hay un accidente de auto y la gente pasa y mira, esa es la pulsión escópica. La necesidad de mirar algo que sabes que te puede causar dolor, te puede causar impresión pero que no podes dejar de mirar. O que estás mirando una película de terror con los ojos tapados pero a la vez queres mirar qué está pasando. Esas son todas manifestaciones de la pulsión escópica. Esta corriente psíquica que quiere seguir adelante y mirar y mirar y mirar y la cultura que te dice "Pará esto te puede hacer mal o dar impresión, no lo veas". 

 

Entonces, en el sexting tiene que ver esto de la pulsión escópica. Siempre las pulsiones se presentan en pares que es: mirar y ser mirado. En cada una de las pulsiones vos podés tener un papel más pasivo, que es el caso de ser mirado, en un papel de objeto te das a mirar a los otros o podes tener un papel más activo que tiene que ver con el mirar. Son posiciones en las que uno se pone de manera activa o pasiva, como sujeto o como objeto. En el caso del sexting tiende a suceder eso mismo. La mujer tiende a ponerse en el caso de la pulsión escópica en el sexting en particular en una posición más de objeto: a ser mirada. Y el hombre en un lugar más activo de mirar. Mirar la sexualidad. Esto también es algo que el psicoanálisis plantea y por eso muchos feminismos empiezan a tratarlo como machista, y es una crítica atendible. 

 

S: Gérard Wajcman que dice que estamos, casi inadvertidamente, en la civilización de la mirada. Pensando en el sexting y más allá del sexting, ¿Cómo la subjetividad se desarrolla a partir de esta mirada? 

 

V: Para el psicoanálisis tiene un papel fundamental porque los juegos de miradas son muy importantes. La mirada que la madre le da al niño es una mirada que lo humaniza. Si no hay nadie que mire a un bebé y que lo mire de una manera afectiva, es muy difícil que ese bebé pueda constituirse como sujeto. Actualmente hay preocupación entre los psicoanalistas por la cuestión de dar de mamar con el celular, que es algo muy común hoy. Y, el momento de dar la teta en que la madre mira al niño y el niño mira que es mirado, de nuevo el par objeto- sujeto, de pronto se ve atravesado por una tecnología en la que la vista de la madre no está en el hijo sino en la pantalla. Y hay preguntas ahí. No te digo que porque des la teta y mires el teléfono el niño va a ser psicótico, pero hay algunas cuestiones que tienen que ver con la socialización o con adquirir el lenguaje que empiezan a fallar. Entonces, para el psicoanálisis eso es muy importante y lo que Wajcman plantea es que es una época en la cual la tecnología libera la pulsión escópica

 

S: ¿Qué lugar crees que  ocupa la intimidad en el sexting? ¿Desaparece?

 

V: Creo que lo hay que plantear por ahí es una redefinición de lo que es íntimo. Si uno pensaba antes que por ejemplo la cuestión del cuerpo desnudo y que el ejercicio de la sexualidad quedaba en la intimidad, bueno, ahora creo que hay algunas otras cosas que la modulan. Se tiende a pensar en la caída de la intimidad y hay mucha bibliografía pensando en la caída de la intimidad, que es algo que ya no opera en la época contemporánea, y yo creo que no es así. Me parece que hay ciertas cosas que siguen quedando fuera de escena, hay ciertas cosas que las mujeres, que son a quienes yo estudio, deciden no mostrar. En todo caso eso se puede considerar como un concepto de intimidad: qué cosas no mostrás o a qué público no se las mostrás. Entonces, por ejemplo, en el caso del sexting que el pibe le muestre la foto a 2 o 3 amigos, bueno, es un escenario que hasta sabes que puede pasar y no es tan grave. Que la vea tu viejo o tu mamá ya es otra cosa. O sea, ya hay algo de la intimidad que está operando y que tiene que ver con el público al cual accedés. Sexo y familia, asuntos separados. Acá y en todos lados. Eso sigue operando, entonces no podemos decir que la intimidad cae y que vos te podes sacar una foto desnuda y que te da lo mismo quién la vea porque no es verdad. Eso por un lado. 

 

Y después la variable estética tiene un papel muy importante también. Ahora muchas mujeres cuando se sacan una foto muy linda en la que se ven muy diosas, hay hasta una fantasía de que la foto se viralice. En cambio, si salís muy fea la borrás inmediatamente y ni vos la querés volver a ver. Entonces, por ahí lo que se puede pensar es que lo que queda fuera de la vista o fuera del escenario es lo que no condice estéticamente. En las fotos de órganos sexuales, la razón de no mostrarlo no tiene que ver con que es una parte del cuerpo muy íntima, sino en que no es estético. Esa es la respuesta. “A mí no me gusta cómo se ve entonces no lo hago”. 

 

Entonces, yo creo que la intimidad sigue operando y que lo que hay que pensar es cómo se va modulando y que estas modulaciones se pueden pensar en cuanto al tipo de público. La familia sigue quedando afuera, los niños también. Tanto la familia como los niños son una variable que afecta lo que se considera íntimo. Y después de una manera más evidente está la variable estética, o sea, lo que es considerado íntimo es aquello que no cumple con una condición estética que para la persona es importante que la cumpla. 

 

S: ¿En qué investigación estás trabajando ahora?

 

V: Acabo de terminar la tesis de doctorado y estoy esperando defenderla. Mientras sigo trabajando, leyendo. En este momento, estoy interesada en una hipótesis importante de Van Dijck en “La Cultura de la Conectividad” sobre cómo la técnica se inmiscuye en lo social, que capaz es un concepto muy abstracto. Entonces me pregunto, ¿Qué significa eso de que hay una lógica tecnológica que penetra en los modos de la socialidad? ¿Y esto como puedo verlo en algo específico? Por un lado tenemos la cuestión de cómo las redes sociales tienden a normalizar ciertos comportamientos o en el caso del sexting pueden ser ciertas imágenes, particularmente de los cuerpos femeninos. 

 

Por ejemplo, en el trabajo de campo entrevisté a algunas mujeres para quienes las redes sociales son una fuente de inspiración de dónde sacar imágenes. Un par de chicas explícitamente comentan que se fijan en las imágenes que tienen más me gustas de otras mujeres para copiar poses, estilos, filtros, ropa, etc. Eso por un lado, otras que dicen que tienen que tener cuidado con ciertas cuestiones estéticas de las fotos como por ejemplo lo que se va a ver atrás o en el piso, el orden del lugar, usar retoque pero no excesivamente, etc. Ellas evitan eso que aprenden en las redes sociales que está bien o que está mal. Entonces, volviendo a lo de Van Dijck, las redes sociales se sitúan como espacios donde uno aprende, en el caso de la sexualidad, qué tipo de imágenes son las valoradas y, por el contrario, qué tipo de imágenes no lo son. Eso para mí es un ejemplo de esto que decíamos, cómo se produce cierta tecnificación en las relaciones sociales. 

 

Y después por otro lado, otro tema interesante en el cual me gustaría investigar es la cuestión de los algoritmos. Hay un artículo que salió unos años atrás que habla de “Algoritmic Hotness” (“sensualidad algorítmica”), es decir, la manera en que las redes o las plataformas ponen en valor lo mismo: qué tipo de imágenes y qué cuerpos de mujeres se consideran hot. Entonces, ¿Qué papel viene a cumplir el algoritmo en este sentido? Vos pones me gusta a una imagen que tiene determinado tipo de cuerpo, y ese tipo de imágenes van a ser las que salgan primero en el feed. Entonces, hay una cierta retroalimentación en la que obviamente lo que termina pasando de manera bastante evidente es que se homogeniza o estandariza un modelo de lo que sería “lo Hot”. 

 

S: También se relaciona con el tema de cómo las imágenes nos influyen en la autorrepresentación hoy en día. 

 

V: Totalmente. Y en el caso de la sexualidad, y de las mujeres que es lo que yo estudio, hay algo de la cuestión de la autorrepresentación que no pasa solo por el cuerpo.  Sobre todo, en estos años con la explosión del discurso feminista, con la identificación de las jóvenes con este  discurso y con una idea de aceptación del cuerpo. Hay ciertos cuerpos que empiezan a  visibilizarse más, ciertas características corporales que empiezan a tener cada vez mayor lugar en las formas de autorrepresentación. No es tanto problema como antes sacarse una foto y que se vean celulitis, estrías o que estés sin depilar, etc. Eso en cuanto a lo físico, pero sí sigue habiendo cierto consenso en cuanto a una forma de representarse a nivel actitudinal y de trabajo psíquico. Esto siempre hablando del sexting, pero también podemos pensar en las autorrepresentaciones sexualizadas de las mujeres en redes sociales, en la arena pública. 

 

Entonces, no es solamente cierto trabajo que haya que tener sobre el cuerpo, que en todo caso en esta época podemos pensar que se afloja un poco la restricción con respecto a qué cuerpos son los mostrables y cuáles no. Pero sí hay una cuestión de trabajo psíquico de “no importa el cuerpo que tengas, tenés que mostrarte segura con ese cuerpo”, “no importa las ganas que tengas de mandar una foto sexual, tenés que hacerlo con ganas porque el sexo es algo que tenes que tener y que tenés que disfrutar, si tenes mucho conocimiento sobre eso mejor y si sos muy buena haciéndolo mucho mejor”. Es esta idea de la mujer que, más allá de cómo es su cuerpo, tiene que sentirse confiada, segura, desinhibida, feliz, que nuevamente podría pensarse como una imposición de modelo psíquico. 

 

Muchas veces, por lo menos en mi trabajo de campo, los varones le piden una foto a las mujeres y las mujeres no tienen ganas de hacerla en ese momento porque están acostadas después de laburar todo el día y no tienen ganas de sacarse una foto o porque están viendo televisión con la abuela o tomando mates con el sobrino, y se sienten en falta porque “no llegan a ser lo suficientemente calientes como deberían ser”. Es muy difícil sentir que no estás a la altura de lo que el otro te demanda a nivel sexual. Y el problema de esto no es una crítica que uno le pueda hacer desde lo moral, sino de que cuando no tenés ganas de hacerlo te sentís mal. Para mi la crítica tiene que apuntar a ese lado.
 

S: El posfeminismo usa este concepto de ser “Emprendedoras sexuales”. En una entrevista Tamara Tenenbaum decía que en realidad esta imposición de la sexualidad no termina de ser un juego patriarcal. En el sentido de ¿Hasta qué punto estamos en ese aspecto ajenas a la mirada masculina? 

 

V: Sí, es muy difícil despegarse. Desde el posfeminismo hay una frase que está buena de que “hoy muchas de las actividades o de las prácticas que hace algunos años o décadas estaban presentadas como cosas que una hace para complacer al hombre, hoy se presentan como cosas que una hace para complacerse a sí misma”. Esto en cuanto a lo que decís de la mirada masculina.

 

Y después hay todo un campo dentro del feminismo que te dice “bueno pero entonces no podemos hacer nada, ¿No es válido que a una mujer le guste sacarse fotos y mostrarse sexualizada?”. Y por supuesto que lo es, no es esa la discusión, cuando una habla de imposición hay que estar muy atenta a que las libertades y los márgenes de acción que tenemos hoy son muchísimo mayores de los que podían tener nuestras madres o nuestras abuelas, y eso siempre va a ser una ganancia. Pero en este afán de tener una mirada crítica está bueno para mi pensar un poco en eso. Los discursos celebratorios de la sexualidad femenina ya los conoces porque es lo que suele circular por todos lados y es casi parte del sentido común de la sociedad. Entonces, tensemos un poco la cuerda más del otro lado, ver qué pasa en realidad y qué podemos pensar de esto que se esconde. 

 

También la cuestión del mercado aparece muy fuerte porque siempre tiene que ver con una cuestión de consumo, ya sea de objetos en sí mismos, de consumo de información o la cuestión de los coaching sexuales y ese tipo de cosas. Que también son temas que aparecen con muchos matices en la realidad como para definir si hay que celebrarlos o condenarlos. Como el sexting también, depende para quién lo use, cómo lo usas, hay mujeres para las cuales es algo muy significativo y ha sido muy liberador y hay otras chicas que aparecen muy sometidas a un cierto dictamen de cómo debería ser una mujer o a que no pueden decir que no.

 

S: A partir del trabajo que has realizado, ¿Qué lugar considerás que ocupa la propia mirada y la del espectador en el sexting? 

 

V: Para mí ninguna mujer va a mandar una foto en la que se considera que se ve mal, jamás. Entonces, hay algo de la aprobación de la mirada propia primero. Una foto tiene que ser aprobada primero por la mujer antes de que salga al espacio cibernético. 

 

De todas maneras, las cuestiones de la mirada son bastante complejas. Por ejemplo, hay una investigadora británica que se llama Laura Mulvey y ella habla sobre el cine y la cuestión de la mirada en el cine, y otro varón que se llama John Berger. Pensando en vínculos de hombres y mujeres cis en relaciones heterosexuales, ellos dicen que el hombre es el que detenta la mirada pero la mujer es quién la internaliza. ¿Esto qué quiere decir? Que al final vos terminás mirando tu propio cuerpo desde una mirada que es masculina. Entonces, como decía recién, la foto no la mandas si no te gusta a vos pero hay que mirar si los criterios estéticos que vos tenes para calificar esa foto no siguen siendo un criterio masculino, heteronormativo o heterosexy. Es muy evidente, es una imagen en la cual tenés que salir delgada, virtuosa, estar depilada y no tener celulitis, eso sería a grandes rasgos, y si vas a estar en ropa interior que sea con una ropa interior sexy, nunca una ropa anterior aniñada sino con encaje. Entonces, eso es el modelo de mujer o a lo que se quiere llegar en Mendoza, y las investigaciones en Australia, Irán, Sudáfrica, Suecia, Perú. Entonces, hay que ver si no es una mirada que está construida. Por eso digo que es un concepto difícil, si las pensamos desde las teorías de la comunicación y del concepto de cultura mediática, son miradas que están construidas desde que somos muy pequeñas, y están construidas mediáticamente específicamente con esos modelos de mujeres.

 

En síntesis,  importa la mirada propia primero, pero esa mirada... ¿Cómo está conformada? ¿Desde cuándo? ¿Qué valores la atraviesan? ¿Cuáles son los agentes que influyen en la conformación de esa mirada? Habría que desarmarlo y analizarlo un poco más. Y hay cierta tendencia intelectual o línea académica,que afirma esto: la mujer internaliza una mirada masculina con la que se mira a sí misma y con la que mira a las otras mujeres también. 

 

S: Hay una frase de Berger que usaste en un artículo que lo resume de manera muy clara. “Los hombres miran a las mujeres. Las mujeres se miran a sí mismas siendo miradas.” 

 

V: Hace un análisis de obras de arte clásicas en las que se representan desnudos de mujeres y reflexiona sobre los modos de ver a las mujeres, pero también las formas en las cuales las mujeres se miran a sí mismas siendo miradas.

 

S: ¿Has pensado algo en particular de todo esto en el momento de pandemia? ¿Cómo se reconfigura el escenario?

 

V: Me parece que todavía es un poco pronto. Yo creo que en este contexto de pandemia va a aumentar más y me parece interesante que, por ejemplo, se convirtió en un asunto de Estado el sexting por la pandemia.  Acá en la Argentina, durante marzo o abril, el infectólogo José Barletta, que es parte del equipo médico que asesora al Estado, salió a dar un parte médico en el que específicamente se concentró en explicar a la población cómo se podía contagiar el coronavirus por las relaciones sexuales entonces él ahí proponía el sexting. ¿Qué pasó? Lo propuso, dijo que el sexting es una práctica segura. Entonces muchas voces se alzaron para cuestionarlo porque obviamente estaba hablando de que es una práctica epidemiológicamente segura pero no hay ahí ninguna pregunta ni una objeción respecto a lo que es cibernéticamente seguro. Está claro, para mi no tenes que pedirle a un infectólogo que hable de eso pero lo dijo muy alegre y livianamente, y desde Grooming Argentina dijeron que tenemos muchos problemas con el sexting. No es nada más que se te viralice la foto a vos, sino problemas que tienen que ver con cuestiones más grosas como puede ser la pedofilia, pornovenganza, el grooming, etc. Entonces decirlo tan livianamente encendió algunas alarmas. 

 

Me parece que va a haber que esperar un para ver cómo cambió la incidencia de la práctica. Yo supongo que debe haber aumentado mucho más pero aún es muy pronto . Sí puedo aclarar eso, que se tiende a relativizar o generalizar, nadie habló de lo que estamos hablando de la pulsión escópica, del modelo de mujer, de cómo se estrechan los márgenes de libertad para algunas mujeres para hacerlo. Todo lo que tiene que ver con una mirada más crítica del sexting está absolutamente ausente, entiendo yo, de los discursos mediáticos. 

 

Estos discursos tienden a celebrarlo en el caso de los adultos o a presentarlo como una práctica que está buenísima en una nota tipo Cosmopolitan u Ohlala que dice “cómo sacarte fotos bien hot para activar el placer de tu pareja”. Y los otros polos del discurso mediático son del pánico moral, de los niños y niñas de 14 años que están haciendo esto, “qué terrible”. Siempre lo mediático se maneja entre esos dos polos y no hay miradas más matizadas...

 

Valentina Arias es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Cuyo (2010). Realizó el Diploma en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias sociales) (2013) y es magíster en Psicoanálisis por la Universidad del Aconcagua (2017). Es becaria doctoral de CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas) y desde 2014 cursa el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, en el marco del cual investiga sobre las prácticas de exhibición sexual de los jóvenes en medios digitales. Es docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, donde también participa en equipos de investigación sobre subjetividad, cultura mediática, medios digitales, institución, ley y neoliberalismo. Se especializa en jóvenes, medios digitales, cultura visual y contemporánea.