Analogías de un mercado humano

“El cyborg de Haraway tiene muy poco que ver con la imaginación armada de terminators revolucionarios. Para ella es en realidad, una metáfora de aquello en lo que nosotrxs, habitantes de un mundo postmoderno, nos estamos convirtiendo” (Jorge Arditi)

La experiencia humana es la materia prima de la era digital. A pesar de que algunos de los datos que las empresas recopilan de nuestra interacción con la web son utilizados para mejorar o crear productos y servicios, el resto es guardado como excedente conductual. Esa información no solo es privada sino que se usa para fabricar productos predictivos que pueden saber lo que cualquiera hará ahora, en breve o más adelante. 

El siguiente relato versa de cómo la evolución de las especies cambió la anatomía humana agregando un nuevo órgano vital LED en la palma de nuestras manos. Los teléfonos celulares crearon un neo proletario sin fábrica ni salario que interactúa en plataformas generadoras de endorfinas, ansiedad y contenido. Gente mirando pantallas y generando data, Me gusta, compartiendo data, Me importa, consumiendo data, Me encanta, opinando data, Me enoja, y como resultado, una base de datos global que mientras más información recopile más rigurosa será.

Los medios digitales trabajan en pos de aumentar nuestra interacción para recopilar información que les permita vender, teniendo la ventaja de conocer de antemano precisamente lo que se va a querer comprar -ya sean productos, ideologías o la automatización del futuro-. ¿Se acuerdan del verso de la división internacional del trabajo? Eso de que las potencias se llevan los recursos para luego vendernos los productos manufacturados en sus industrias. Bueno, es lo mismo. Antes se llevaban cuero para vendernos zapatos; hoy se llevan datos para vendernos bienes, servicios o dirigentes.

Si se asume que ese es el origen creativo de la narración se podría deducir que el objetivo que se persigue por cualesquiera sean las empresas protagonistas es, conseguir la mayor cantidad de usuarixs para así lograr producir la carpeta de información mundial más desarrollada, o en el caso de ser imposible derrotar al ejército más próximo.

Es decir, el valor en el mundo se ha transfigurado. Importan las monedas que compran cosas, pero más importa la información silenciosa que vamos dejando de forma mecánica y nos vuelve sujetos transparentes y predecibles. ¡Qué cosa loca el neoliberalismo y sus reinvenciones! Le pusimos neo adelante y se quedó corto, pero a la vez va tan rápido que se nos escapa de las manos nombrarlo.

Como ya sabemos,la trama de esta historia está determinada  por dos bandos. No apelaré a la tensión escándalo porque no son actores desconocidos en lo relacionado con el género, sino que se trata de un conflicto geopolítico entre Occidente y Oriente, o lo que es lo mismo, una peleíta entre China y EEUU.

El contexto es curioso, nos encontramos con una China que ha prohibido a su ciudadanía el uso de las clásicas plataformas a las que estamos acostumbradxs lxs hispanohablantes. Sin mucho misterio Google, Facebook, Instagram, Twitter o Tinder tienen su contraparte en el mundo Oriental. Las mismas plataformas, con las mismas funciones, pero orientadas a la soberanía digital y el dominio chino para con otras naciones.

Occidente, por su parte, siempre ha bregado de forma más acabada por las libertades individuales –o eso dice- pero la cosa es que la mayoría de los países pueden hacer libre uso y manejo de la web. Veamos, con el auge de la plataforma Tik Tok en millones de smartphones de Occidente China comenzó a ampliar notablemente la recolección de datos, incluso a pesar de Donald Trump y sectores afines que apelaban a su prohibición en EEUU.

Hasta acá solo dos países se disputan el control del mundo digital, la soberanía tecnológica es una utopía que Latinoamérica debe trabajar a partir de la distopía que plantea la coyuntura. Solo dos países y siete empresas son dueñas de la web, sin embargo, cada usuarix tiene relevancia en el acontecer de los hechos en tanto es portador de experiencia.

No sé si usted ha sido víctima de los anuncios de Kwai, y sino seguro ha escuchado hablar de la novedosa plataforma –curiosamente China –  que paga por ver videitos. Es así tal cual le digo: pagan por ver vídeos, onda el sueño del pibe cyborg.

En una semana esta innovadora aplicación lideró la lista de las más descargadas en Argentina ¿será que nuestra interacción digital empieza a tener valor de cambio? Por ahora, aunque no es mucha la remuneración –a los hechos me remito- parece que sí.

En Kwai ser usuario de la plataforma e interactuar con ella comienza a ser reconocido como una especie de labor paga para captar adhesiones masificadas. ¿Qué hay que hacer? Descubrir, crear y compartir contenido como en cualquier otra red social. En un mundo donde lo que más importa son las monedas, esta gente las entrega. 

Spoiler alert: la jugada acerca a China al objetivo de tener la mayor cantidad de datos posibles. Un ciudadanx un voto, un usuarix un dato. En este sentido, Tik Tok no se quedó atrás y también ahora ofrece remuneración por la interacción de sus usuarixs.   

Si escribiéramos Ciencia Ficción, podríamos imaginar un mundo donde el capitalismo de vigilancia nos conduce a buen puerto: el mundo digital que estas empresas están moldeando puede ser más afín a la humanidad que la humanidad misma, en tanto conocen los deseos y aspiraciones individuales mejor que cualquiera. 

Pero nos tocó hacer periodismo, y advertir que ese Futuro está en manos privadas. Toda la información que vos como usuarix generás y hacés circular por la web la tienen algunas empresas yankis o chinas y si se la pedís no te la quieren dar, a pesar de que es inherentemente tuya, mía, nuestra; y de que no cuesta un centavo reproducir. 

Tengamos cuidado, porque quizá no nos pagan por ser usuarixs, tal vez ya nos han privatizado y todavía no nos avisan.

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René Alejandro Perez
René Alejandro Perez
13 days ago

Excelente reflexión e información, el alertar sobre está normalidad de volcar datos o gustos en distintas aplicaciones nos torna cada vez más vulnerables a sus intenciones de control

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Florencia Muriel

Florencia Muriel

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