Realidad algorítmica

“Todos los aspectos del aprendizaje o cualquier otra característica de la inteligencia pueden ser descritos tan precisamente que puede hacerse una máquina que los simule”

Hace  mucho tiempo que la humanidad construye algoritmos. Las recetas de la abuela, que pasaron andá a saber cuántas generaciones de tradición oral, son un algoritmo. Un conjunto de pasos ordenados que permiten hallar la solución a un problema.

En la década del ‘80 la computación ya había podido construir algoritmos que se empezaban a parecer a la forma en que la cognición humana resolvería un problema. Se estaba consolidando la Inteligencia Artificial (IA), la cual había nacido bajo la premisa de que “todos los aspectos del aprendizaje o cualquier otra característica de la inteligencia pueden ser descritos tan precisamente que puede hacerse una máquina que los simule”.

Seguro conocen la peli Terminator, ¿no? Una IA viene del futuro para exterminar al humano que iba a liderar la rebelión contra las máquinas. Sacando el asunto del viaje en el tiempo, cosa que todavía no resolvemos, la película daba testimonio de que estaba pasando algo heavy: los circuitos y engranajes comenzaban a superarnos. En 1997 la computadora Deep Blue de IBM derrota a Garry Kasparov – quien es considerado el mejor ajedrecista de la historia – en lo que se suponía que era la cualidad distintiva de la humanidad. Y de ahí en más no hizo más que complicarse.

Los algoritmos lo empezaron a resolver todo. Pudimos programar hasta el aprendizaje. La humanidad se dio cuenta que la máquina por sí sola puede interpretar un conjunto de datos de forma más rápida, eficaz y ordenada que cualquier persona. Si le das datos suficientes, la máquina te resuelve todo.

Vinieron los 2000 y la cantidad de datos disponibles fue creciendo vertiginosamente. ¿Se acuerdan del día que Google recorrió todas las calles sacando fotos? ¡Empezamos a digitalizar TODO!

Por el 2010, las empresas más exitosas del mundo digital empezaron a flashear lo siguiente: “¿Qué pasa si grabamos todos los datos que generan los usuarios? Después vemos qué hacemos, pero por las dudas los guardamos. Si hay una revolución tecnológica que consiste en crear Inteligencia Artificial y para eso hacen falta datos que los usuarios generan, ¿Por qué no apropiarnos de esa información?

El crecimiento exponencial que generó la IA en el conocimiento y la certeza humana fue tremendo. Llegamos a tener un aparato que te tira la posta, siempre. Ya sea la ruta más rápida desde tu casa al laburo, o cómo refutar el gambito de rey, o cuál es el nombre científico del cactus que tenés en el patio, la IA te spoilea todo.

Me acuerdo que hace quince años podíamos pasar horas intentando descifrar los acordes de una canción. Hoy Chordify lo hace por vos al instante. Te dice cómo hacer ese acorde spinetteano sin quebrarte el meñique en el intento.

Los maullidos también son algoritmos

Hay Inteligencias Artificiales que incluso prometen traducir los maullidos de tu gato, si hacés el esfuerzo de entrenar al algoritmo. Es bastante simple e ilustrativo, veamos: 

El software va a hacer dos cosas: a) identificar cada maullido de forma única y b) asociar cada maullido a la traducción que le corresponde.

¿Cómo identificamos cada maullido de forma única? El programa agarra el archivo mp3 que surge de la grabación de Michifuz pidiéndonos comida y lo somete a un tratamiento digital que le permite quedarse con la mejor “interpretación” posible, generando una representación interna a partir de ciertas características del maullido. Supongamos que etiqueta la duración, intensidad y las frecuencias de sonido presentes. Entonces va armando una tablita tipo Excel con el registro del dato y todas las características que tuvo.

Ahí viene la fase 2: Te tira una traducción, por ejemplo “Quiero jugar”. Vos le decís que ni ahí es eso, mandas la app a la  mierda y la desinstalas. Pero si fuéramos un poco más pacientes, educaríamos al algoritmo y le explicaríamos que no, que ese maullido es “Quiero Comer”. Entonces la IA  es capaz de poner en ese “Excel” algo como: “This.maullido = Quiero Comer”.

La próxima vez que aparezca un maullido que, a interpretación del programa, sea parecido al que ya registramos, nos va a decir “Quiero Comer”. Y capaz esta vez sí era “Quiero jugar”, entonces se lo indicamos. Ahora el programa tiene identificado cómo suenan “Quiero comer” y “Quiero jugar” en el idioma de Michifuz. El próximo maullido que aparezca lo va a comparar con los dos ya existentes, y nos va a tirar a cuál se parece más. Y así sucesivamente, hasta que un día podamos hablar con Michi-Bot con la misma fluidez que con les pibis.

Es decir, la app registra el evento, con las métricas que crea conveniente, y ese evento se asocia a una respuesta. A partir de eso se va generando un modelo, estadístico digamos, que permite “calcular” la respuesta a que va a surgir de X métricas. Y así se arma el modelo predictivo.

Cuando Netflix saca una nueva producción original, o compra los derechos para retransmitir una serie vieja pero de culto, no lo hace a ciegas: saben exactamente qué es lo que el público tiene ganas de ver. Tienen unas métricas tan precisas que ya saben qué características tiene que cumplir la nueva serie para ser un éxito. Por un lado está bueno porque te recomiendan algo hecho para vos pero el lado malo es el monopolio de datos que tienen las empresas. El poder nos hace manipulables.

Los primeros pillos empezaron a usar toda esa data para hacer ingeniería social y manipular nuestras democracias. Recién cuando explotó el bolonqui de Cambridge Analytics bajaron un poco el perfil. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad” decía el Tío Ben y ellos asumieron la responsabilidad de abastecernos de productos y servicios que se parezcan mucho a lo que creemos que necesitamos. 

Dentro de pocos años vamos a tener todos los dispositivos de casa conectados a internet procesando nuestra información en tiempo real. La heladera va a tener nuestra dieta y gustos programados, junto con nuestro nivel de ingresos y agenda semanal; y va a saber exactamente qué pedido hacer al e-commerce correspondiente para que nos lleguen los artículos a casa en tiempo y forma. Capaz hasta el inodoro está conectado y nos hace análisis de orina diarios para chequear que esté todo bien en nuestro organismo.

¿Se imaginan la revolución en medicina que provocaría el tener esos datos? No sólo los de uno mismo, sino los de toda la red conectada… 

Los datos de todos, las decisiones de pocos.

La Big Data abre puertas tremendas, expande la frontera del conocimiento un millón de años luz. De todo esto lo único que preocupante es que esa Big Data la tengan unos pocos; porque no sabemos con qué escala de valores humanos van a usar la info.

No tengo nada en contra de los chinos de Kwai o del bueno de Mark Zuckerberg. Sólo digo, puesto que no es posible  confiar al 100% en que lo que hacen con nuestros datos  – y es obvio que no leemos los siete millones de contratos para enterarnos qué hicieron con ellos – por lo menos los datos que ya existen podrían servir para hacer algo interesante en el mundo.

Me imagino las cosas interesantes que podrían hacer el CONICET o las Universidades Nacionales si pudieran acceder a la misma información que ya tienen sobre nosotros los gigantes tecnológicos. Y antes de que nos pongamos Orwellianos pensando en un dispositivo de control gigante sepamos lo siguiente: tu privacidad está garantizada y te lo voy a contar en otra nota porque es un temón. 

Hay que dar lugar al debate acerca de ¿Qué está pasando con nuestros datos, y cómo hacemos que sea lo menos perjudicial para nuestro sueño de un mundo más justo? Y yo te juro que todavía no lo termino de entender, pero sé que por lo menos me gustaría que los datos que yo produzco no sólo le permitan predecir a Mark qué gaseosa me tiene que vender, sino que además apoyen el laburo de les científiques de nuestro país que -por lo menos -, hablan mi idioma y están atravesades por más o menos los mismos problemas que yo.

El dato es el combustible de la nueva revolución industrial y tecnológica, el petróleo del siglo XXI. En el manejo y la apropiación de este recurso puede estar una de las batallas políticas más importantes de nuestra época y la posibilidad, o no, de construir una sociedad más justa y libre.

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Marce
Marce
2 months ago

Sar pa da nota. Gracias

Juan Mikalef
Juan Mikalef
2 months ago

Buen Articulo!

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Fabricio Grosso

Fabricio Grosso

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