Sexting baby

Lo que hay detrás.

Se considera al sexting como “la utilización de cualquier herramienta informática mediante la que cualquier individuo crea y envía a otro individuo (o individuos) cualquier tipo de mensaje de texto, imagen o vídeo de naturaleza sexual, ya sea con carácter sugestivo o explícito, de uno mismo y/o de otra persona(s) que, en todo caso, consiente su participación libremente” (Agustina et al, 2016:7-8). 

Durante los últimos años, el sexting se ha visto sometido a análisis de diversos profesionales de la salud, del ámbito jurídico y de la educación, entre otros. Esto es debido a que dicha práctica ha traído consecuencias negativas (tanto psicológicas como legales) para quienes la han utilizado. Los resultados negativos han afectado mayormente a adolescentes, ya que menores de edad han sido víctimas de grooming, ciberbullying y sextorsión. Tales sucesos han hecho recapacitar sobre la necesidad de realizar estrategias de prevención ante el sexting. La justicia aún no ha decidido cuáles son las penas adecuadas ante delitos causados por esta práctica y tampoco se ha presentado una definición global del sexting. Si bien hay quienes consideran al sexting una práctica peligrosa y recomiendan no realizarla, también existen posturas que promueven al sexting como una actividad normal y saludable, pero coinciden en que debe haber ciertas precauciones a la hora de llevarla a cabo (Contreras et al, 2017) . 

EL NEOLIBERALISMO EN LA SEXUALIDAD 

El sexting es fruto de la proliferación de las nuevas tecnologías, junto con la presencia del neoliberalismo en el escenario mundial. La instalación de este régimen en las sociedades ha creado un nuevo sujeto al que Dufour (2009) ha decidido llamar sujeto posmoderno. A éste se lo define como una persona desimbolizada y por lo tanto, acrítica. El sujeto posmoderno es una persona faltante de creencias y juicios propios, donde el único valor que prevalece es el del mercado. Laval y Dardot (2013) establecen que este sujeto, además, es una persona sumamente competitiva, abocada siempre a “rendir más” y a “gozar más” en todas las dimensiones de su vida, incluida la sexualidad. Este mandato hace énfasis en la cantidad e intensidad de encuentros sexuales, orgasmos, posiciones sexuales, etc. 

El neoliberalismo ha provocado la creencia de que cada persona es libre de reinventarse y de hacer lo que quiera. No obstante, esa vida ilimitada y en apariencia libre, es fuertemente normativa ya que todas las coacciones de las que antes las personas dependían y que creen ahora inexistentes, se han profundizado y se encuentran en su interior. Esto las hace mucho más difíciles de visibilizar y de erradicar (Byun Chun Han, 2014). Siguiendo esta línea de pensamiento, Laval y Dardot concluyen que “la libertad se ha convertido en una obligación de mayor rendimiento” (Laval y Dardot, 2013: 35-36). Byun Chun Han (2014) afirma que estamos bajo una gran cantidad de dictaduras, como la dictadura de la transparencia (que significa mostrar voluntariamente cada cosa que vivimos en nuestras redes). También existe la dictadura de la felicidad (que apunta a ver el lado positivo a todo y mantener un estado de constante bienestar) y la dictadura del placer la cual puede devenir, en el ámbito de lo sexual, en lo que Georgina Vorano llama “pornoilusión” . Gracias a este fenómeno, en el sexting, se genera una gran 1 expectativa en torno al encuentro sexual que, en la mayoría de las ocasiones, difiere de lo que realmente ocurre. 

Brown (2017) explica que la racionalidad del capitalismo vuelca al mercado lo que pueda ser transformado en términos de inversión y capital, incluidos los seres humanos. Uno de sus efectos es la configuración de las personas y sus cuerpos de acuerdo a la métrica del mercado en términos de inversión. La humanidad está regida por una normativa interna que indica que debe enfocarse y actuar de manera que aumente su apreciación por parte de los demás. El sexting, se desarrolla en torno a esto debido a que mandar una foto que sea bien recibida, el pedido de una foto o tener conversaciones eróticas hace que las personas se sientan deseadas, importantes y las incita a trabajar en sus cuerpos de manera que puedan ser cada vez más deseables. 

El fin del sujeto en el ámbito sexual es convertirse en un producto deseable ante los demás que pasan a ser sus consumidores (Bauman en Arias, 2016). Bajo este supuesto está basado el sexting, las personas hacen trucos con la iluminación y acuden a determinadas poses para que su cuerpo se vea lo más “hot” posible. Así mismo, las redes sociales en las que predomina la imagen, especialmente Instagram, están repletas de fotografías sexys que perfectamente podrían usarse para hacer sexting con alguien pero que, en este caso, están siendo expuestas a millones de usuarios. 

LA COMUNICACIÓN SIN BARRERAS 

Ya no nos alcanza con disfrutar de la sexualidad cuando estamos físicamente presentes, ahora todo momento puede (y casi que debería) utilizarse con ese fin. El sexting aparece como una temporalidad sin esperas gracias a su inmediatez (Crary, 2015). Como lo dice la famosa canción de Calle 13: “Tengo sexo 24/7 todo el mes (..)”. Esta frase expresa un imperativo social que es el de exigirle al cuerpo más de lo que puede dar, para convertirlo así en una máquina. Existen, incluso, pastillas para que el hombre rinda más sexualmente y también se venden lubricantes prometiendo a las mujeres que su placer sexual aumentará. Los slogans de determinadas marcas son claros ejemplos de este imperativo de placer: 

.MULTI O: “Aumenta tu placer” 

.TROYA: “El placer está donde vos quieras” 

.DUREX: “Ama el sexo”. 

Así como la tecnología ha venido a suprimir las esperas y los tiempos de descanso, nos propone la eliminación de las distancias. De este modo, “las relaciones entre seres humanos dependen hoy de su mediatización electrónica” (Silverstone, 2003:  226). Pero el conectarnos con alguien, no necesariamente nos permite estar más cerca. 

Siguiendo a Bougnoux, la ventaja que encontramos en los medios frente a las relaciones cara a cara es que podemos habitarlos y deshabitarlos de acuerdo a nuestro gusto. Esta posibilidad presenta un beneficio para hacer sexting, de modo que las personas pueden disfrutan de hacer sexting en cualquier lugar, aunque no sea adecuado, ya que, nadie tiene por qué enterarse. De este modo, “los grandes medios nos proponen así un compromiso ideal en la regulación de nuestras relaciones con el mundo, un compromiso dominado por el principio de placer más que el de realidad” (Bougnoux, 1995: pág 29). 

NUEVAS FORMAS DE RELACIÓN CON EL OTRO 

De esto se desprende que las relaciones entre las personas son perversas, ya que los seres humanos usan a las demás personas como cosas con el único fin de extraerles placer y a su vez se dejan usar a ellos mismos de igual manera (Laval y Dardot, 2013). El problema es que no se es sin esa Otredad. Ya que lo que la persona es se debe a cómo se relaciona con los demás. Y, a su vez, tienen una responsabilidad con las otras personas. Esta premisa no se cumple en la práctica del sexting, dado que hay un deseo propio de goce en donde se le exige demasiado al otro en base al deseo propio sin tener en cuenta lo que a éste le pase o necesite (Silverstone, 2003). 

Türke anuncia que “ser significa ser percibido” (Türke, 1995: 10), y en la medida en que no hay nadie más, nadie percibe a nadie, entonces las personas dejan de existir. Si se quiere ser percibido, hay que causar una sensación, que va a llamar la atención de los demás, sacando a la percepción de la rutina. Dicha característica se observa en el sexting, en el momento en el que se van subiendo las apuestas y las personas terminan mostrando partes íntimas de su cuerpo con tal de aumentar el deseo sexual del otro y viceversa. 

NUEVAS TECNOLOGÍAS EN LA SEXUALIDAD 

Las nuevas tecnologías permiten convertir al ser humano en datos. Se instaura la idea de que “Los datos son un medio transparente” (Byun Chun Han, 2014: 88). Vivimos en lo que el autor denomina “totalitarismo digital”. Todo lo que puede ser medido debe cuantificarse y lo que no, no existe. Dicha concepción llega al terreno de las relaciones sexuales con aplicaciones como Tinder, hechas para concretar citas y encuentros sexuales. Aquí, los usuarios son presentados como una conjunción de datos básicos y esta poca información bastaría para saber si queremos conectarnos con ese usuario. 

Van Dijck (2016) indica que en los últimos años la vida cotidiana de las personas y la cultura contemporánea se vieron fuertemente transformadas. Esto es gracias a la presencia de una infraestructura online de medios cuyo fin es principalmente establecer interacciones sociales. Los límites entre el mundo online y el mundo offline se encuentran cada vez más difuminados. Como consecuencia, las prácticas sociales sufren modificaciones en la medida en que evoluciona la tecnología y a la inversa, los medios online se ven modificados por las prácticas de los usuarios. “Las plataformas y las prácticas se constituyen mutuamente” (Van Dijck, 2016: 21). Es decir, las prácticas eróticas son previas a Internet, y desde que éste apareció, la sexualidad ha quedado también inmersa en la red. Esta es la razón por la que existe el sexting. 

EL AMOR COMO SEXUALIDAD 

Y, ¿qué rol juega el amor en todo esto? Illouz (2012) establece que antes, se compartía la idea del amor romántico, en donde los ideales del amor estaban relacionados con la entrega total por la persona amada, con la consideración del otro como un objeto sagrado y único, con que los amantes se pensaran como una sola persona, entre otros. Actualmente, la concepción de amor está íntimamente relacionada a la sexualidad. Y todas estas características del amor romántico se consideran enfermas o al menos, descabelladas. Esto es así ya que se le otorga al  amor razones científicas y las personas se priorizan en lo que sea que hagan. En el medio de este cambio, aparece la tecnología brindando sitios en Internet y aplicaciones para obtener pareja. Aquí se ven racionalizados y reducidos los mecanismos de elección de pareja. Es interesante destacar que si bien muchos sitios comenzaron teniendo como objetivo “encontrar a tu pareja ideal”, en muchas ocasiones terminaron convirtiéndose en lugares para hacer sexting o concretar un encuentro sexual, como es el caso de Tinder. 

La sociedad se encuentra ante un proceso de transformaciones sociales, las mismas repercuten en las relaciones de pareja. Illouz (2012) menciona que existe una incertidumbre porque no sabemos cómo debemos tratar y ser tratados. Tanto hombres como mujeres no tienen seguridad acerca de cómo deben comportarse con la otra persona para obtener una reacción positiva. Este fenómeno es evidente en la práctica del sexting, hay determinadas frases y acciones que desconciertan al nivel de no saber cuál va a ser la reacción de la otra persona, se cuestiona cuál es el momento indicado para mandar una foto e incluso inquieta desconocer si la otra persona está interesada en hacer sexting o no. 

En conclusión, el neoliberalismo ha formado una nueva clase de sujeto que ha renovado sus necesidades y que se ha vuelto extremadamente dependiente de las nuevas tecnologías. Las mismas, han modificado las formas de comunicarse y de relacionarse y han impactado, incluso, en el ámbito de la sexualidad. Todo este proceso se ha desarrollado en un período muy corto de tiempo. Las sociedades y sus prácticas evolucionan de forma vertiginosa. Por lo tanto, no hay manera de predecir cuáles serán los próximos mecanismos que traerá el futuro. 

Mientras tanto … ¿gocemos

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Sofía
Sofía
5 months ago

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María Carla Segatore

María Carla Segatore

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