Todo lo que puede un cuerpo

“Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.” -Alejandra Pizarnik

Hace mucho tiempo me alejé de la política. Un poco por supervivencia, otro poco por hartazgo. No fui al 8M de este año. Del anterior tampoco. No compartí consignas en mis historias, no habité asambleas ni espacios de escucha. Me desentendí de todo lo que había construido hasta el momento. Me pasó la desesperanza. Me pasó otro posible fin del mundo. Me pasó la pandemia.

Hace mucho tiempo me alejé de la política. Pero cuando digo esto me refiero a que me ganó el descreimiento en la batalla por construir algo mejor y me dejé seducir por el desinterés individualista. Como si me diera vergüenza pertenecer a una especie que lo destruye todo a su paso, me invadió un desencanto insoportable con la época posmoderna. ¿Qué es lo que me distanciaba de todo esto si yo también formo parte de este mundo hostil que motiva y me deprime a la vez? Me desgastaba ese manejo de la vida tan sistémico, tan autómata, tan mediado, tan basado en la casta siempre. Todos mis deseos tenían un precio. Todos mis anhelos tienen un costo. Toda esta desesperanza se conjugaba en futuro.

Corté en seco el cordón que me ataba a mi idealismo adolescente, ese que me motivaba a querer cambiarlo todo de raíz. Entendí que no podía cambiar nada sola porque para donde miraba veía derrumbe.  

Empecé terapia. Como manotazo de ahogado, busqué psicoanalizarme para encontrar la respuesta a las preguntas que me incomodaban. Mi psicóloga me dijo que tengo que permanecer en los lugares donde pueda respirar tranquila. Fue cuando entendí que el primer lugar donde empiezo a ser libre es mi cuerpo. Y si el mismo sistema nos necesita débiles para penetrar sus lógicas en nuestros tejidos, entonces sanar el cuerpo es un acto político. Porque un cuerpo agotado no sirve para luchar contra nada.

Spinoza es el primer filósofo de la modernidad que entiende al cuerpo como un espacio político. Para él, un cuerpo no es, sino que se produce en el encuentro con otres. No existe dualidad como pensaban los filósofos hasta el momento, no somos fragmentos. El cuerpo, para Spinoza, es una unidad. “Alma y cuerpo son la misma cosa”. El cuerpo se conforma por las ideas que el alma se hace de ese cuerpo y esas ideas se generan a partir de las interacciones con otres y de los afectos que se desprenden de elles. Es así en un doble sentido: por un lado, la capacidad de afectar en otros cuerpos y ser afectade en tanto seres sociales y, por otro, los afectos como emociones del alma, como pasiones.

“No sé qué me pasa, es como una sensación de angustia que no puedo explicar, no sé de dónde sale. Como si fuera una proletaria emocional, no estoy acostumbrada a la tristeza”, le dije a Marta, mi psicóloga. “Además, siento que somatizo todo, físicamente, digo. Siento las consecuencias de estas angustias en mi cuerpo”. Mi primer día de terapia lo recuerdo como esos días quiebre, como si hubiera abierto un portal de dudas y certezas que probablemente no concluya nunca. Marta me hizo muchas preguntas apenas me vio y yo le leí un poema que había terminado de escribir en la sala de espera del consultorio porque no sabía qué decir. Las palabras no salían y Marta las pronunció por mí. “Tu crisis, es una crisis de identidad”, me dijo, “estás tratando de entender quién sos y quién querés ser”. No supe muy bien qué responder más que un “sí, tal vez sea eso” y un suspiro. “Pensa qué te hace ser lo que sos, qué construye tu singularidad.” Salí de la sala y anoté a contramano algunas frases de Marta en las notas del celular. Como cuando tarareas un pedacito de canción que escuchaste en algún lado, pero no sabes el nombre ni el artista, así, yo repetí las frases de Marta en mi cabeza toda la semana.

“Nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede un cuerpo”, dice Spinoza. Es decir, no hay una determinación biológica que establezca lo que puede ser o no un cuerpo porque nadie sabe en qué podemos devenir. Sólo podemos saberlo en la experiencia plena de la vida, en el ejercicio de nuestra libertad en tanto potencia pura que se traduce en un poder-ser un montón de cosas. Hacer de mi cuerpo lo que yo quiera porque cada cuerpo es libre cuando expresa la potencia de su deseo.

Deleuze y Guattari, seguidores de la filosofía de Spinoza, plantean que el sistema capitalista bajo todas sus formas (familia, escuela, trabajo, discursos, etc) ejercen una masacre al cuerpo. Según ellos, este orden de la vida basado en la explotación, la ganancia, la propiedad, el poder masculino, entre otros aspectos, se sumerge en nuestros propios tejidos y mutila nuestros deseos. Pero lo interesante de estos autores es su propuesta, una especie de cuerpo-manifiesto que, junto con Marta, me ayudaron a encontrar esa identidad que buscaba: “este añejo mundo, que por todas partes apesta a cadáver, a nosotros nos horroriza y hemos decidido tomar la lucha revolucionaria contra la opresión capitalista allí donde está lo más profundamente arraigada: en lo vivo de nuestro CUERPO.”

 Es en mi cuerpo donde empiezo a ser libre. Pensé que podía alejarme de la política, pero en realidad la llevé siempre conmigo. Porque era en mi propia carne donde estaba la respuesta.

 “Ya no podemos permitir que se hagan de nuestras mucosas, nuestra piel y todas nuestras superficies sensibles, unas zonas ocupadas, controladas, reglamentadas y prohibidas. Ya no podemos soportar que nuestro sistema nervioso sirva de retransmisor al sistema de explotación capitalista, estatal y patriarcal, ni que nuestro cerebro funcione como una máquina de suplicios programada por el poder que nos cerca.” Yo no quiero que reinen los mandatos en mi cuerpo, yo no quiero vivir en guerra conmigo. Eso es lo que quieren de mí. Estos brazos, estas piernas, este bosque que tengo en el pecho es el que me deja respirar tranquila. Y todo esto que soy, todo esto que creo ser, es también mi zona de lucha.

“Nosotros queremos hacer volar en pedazos al cuerpo frígido, encarcelado y mortificado que el capitalismo no cesa de querer construir con los desechos de nuestro cuerpo viviente.” Hacer de mí una práctica revolucionaria para empezar a construir algo mejor, un lugar habitable. Donde el goce no sea sólo poético, sino real. Donde el glande que prefiere ser clítoris pueda serlo en libertad.

Deleuze y Guattari hacen una especie de llamamiento, una manifestación-deseo que nos ayuda a entender por dónde empezar: “queremos abrir nuestro cuerpo al cuerpo del otro y de los otros, dejar pasar las vibraciones, circular las energías y combinarse los deseos para que todos y cada uno puedan dar libre curso a todas sus fantasías y a todos sus éxtasis, para que puedan vivirse al fin sin culpabilidad, sin inhibición”.

En su último libro, Sábato nos deja un mensaje: “creo que hay que resistir, este ha sido mi lema”. No da detalles, sólo algunos esbozos e invitaciones a perder el miedo y volver a tener fe en lo humano y en el afecto para vencer a la resignación. No nos dice cómo resistir ni qué entiende por eso. Él mismo, en su lecho de muerte, asume que no puede darnos una respuesta. Pero somos las juventudes, para Sábato, quienes tienen esa tarea. Inventar otra manera de vivir, crear una existencia diferente, menos dolorosa entre nosotres y más amable con la naturaleza. Respetar el tiempo de nuestros procesos de sanación protegiendo siempre la ternura. Elegir alejarse del auto-maltrato y autoboicot, sin que esto se convierta en nuevos mandatos que nos hagan más daño. Como podamos, como nos salga. Encontrar el lugar desde el cual oponer resistencia para escapar de lo normativo. 

Ese lugar también puede ser el propio cuerpo. Seguir el deseo que nos moviliza significa resistir. 

Y sí, capaz divagar por este mar de la existencia sea un poco duro. Pero es lo que nos toca en esta época. Capaz se trate de dejar que las olas nos despeinen la comodidad de ser y estar en este espacio-tiempo tan complejo que habitamos. Capaz sea sólo eso, recorrer todos los días las orillas saladas de esta costa que llamamos cuerpo y encontrar razones para seguir creyendo en este mundo.

Bibliografía:

Gilles Deleuze y Félix Guattari “Masacre al cuerpo” 1973

María Florencia López “Cuerpos como potencias. Una mirada desde Spinoza” 2015

Ernesto Sábato “La resistencia” 2000

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María Emilia Rodriguez

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