¿Tenemos derecho a escribir nuestra propia historia?

Nuestro destino no está escrito, pero lo que está escrito si construye y modifica nuestro destino. Lo que está dicho en la red no desaparece: muchas veces nos condena. ¿Podemos entonces controlar nuestra imagen?¿Tenemos la oportunidad de cambiar?¿O es que el cambio se convirtió en un privilegio analógico? 

Convivimos entre redes plasmadas de mensajes y datos que se imponen como nuestra principal forma de ver el mundo. Consumimos y nos enteramos (en la medida en la que los algoritmos lo deciden)  sobre todos los temas, en todos los aspectos posibles, minuto a minuto. Somos seres hiperconectados. 

Sin embargo es pertinente preguntarnos ¿quienes somos en esta masa colectiva de datos y memoria?¿Qué rol tenemos como individuos en ese entramado de memorias colectivas?

Leímos en notas publicadas en está revista y en tantas otras, sobre cómo impactan una a una las acciones que realizamos en la web. Lo que hacemos o no, lo que decimos: deja rastro. Creamos minuto a minuto, desde el día en que incorporamos las nuevas tecnologías (principalmente redes sociales) a nuestro uso cotidiano, una huella digital. 

Aunque hoy sabemos esto, no lo sabíamos en 2004. Llevamos 18 años (algunos más, otros menos) escribiendo una historia, armando un avatar, alimentado de imágenes, texto de pocos caracteres, interacciones y salas de chat. ¿Eso quiere decir que nuestra identidad digital se ha conformado de datos suministrados de manera casi inconsciente por cada unx de nosotros? Un poco sí. Pero también de lo que los demás publican, comparten y comentan de nosotros. Y a eso le sumamos por ejemplo, la influencia de las plataformas y los buscadores de internet para aumentar o disminuir la visibilidad de esa información. 

Nuestro destino no está escrito, pero lo que está escrito si construye y modifica nuestro destino. Lo que está dicho en la red no desaparece: muchas veces nos condena. 

¿Podemos entonces controlar nuestra imágen?¿Tenemos la oportunidad de cambiar?¿O es que el cambio se convirtió en un privilegio analógico? 

Somos presos de los otros, de cada cibernauta, de nuestra memoria. Sin embargo, según Piaget, la memoria evoluciona: no es inmutable. Podemos pensar entonces que no estamos condenados a una memoria perfecta (entendiendo por perfecta, irrefutable). ¿Tenemos derecho a escribir nuestra propia historia? 

Un camino posible es el derecho al olvido: la posibilidad de legalmente solicitar que se borren nuestros datos de internet. Estamos hablando de un camino legal, por lo que entendemos que no se puede solicitar por cualquier motivo, pero sí cuando atenta contra nuestra intimidad, honor o imagen.  La particularidad es que está solicitud no puede realizarse a cada medio o portal que publicó información que no queremos que sea difundida (o por lo menos no en la actualidad, a pesar de que años atrás lo hayamos deseado). Por este motivo, quienes reciben y responden estos pedidos son los grandes buscadores: Google, por supuesto. 

Uno de los casos más conocidos en Argentina fue el de la actual vicepresidenta Cristina Fernandez de Kirchner, quien demandó y ganó el juicio contra Google por permitir que la primera búsqueda con información sobre su persona tuviera información publicada en Wikipedia por usuarios anónimos que la difamaban. Incluso se impulsó una resolución  judicial que ordenó la pericia informática para determinar el alcance del daño causado hacia su persona. Diarios como Perfil aseguraron tiempo después que un ex directivo del gigante de internet comprobó estadísticamente que la demanda incrementó la viralidad del tema, sin embargo generó en el país el primer antecedente como derecho al olvido.

El fin del derecho al olvido es brindar la posibilidad a las personas de poder limpiar su imágen, ya sea por algo que efectivamente hicieron pero ya no desean que sea recordado o bien por un mensaje que alguien más impulsó. Pero principalmente: de moldear de qué forma queremos ser recordados. 

¿Estamos entonces moldeando  la memoria colectiva? ¿Modificamos la historia a nuestro favor? O en todo caso la pregunta es ¿Está mal poder brindar en primera persona los recursos para que nos identifiquen? ¿Estamos decidiendo por otros o evitamos que decidan por nosotros?

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Marcos
Marcos
4 months ago

Increíble, excelente información para ampliar, nunca había pensado en el “olvido” como un derecho

Marina Isuani
Marina Isuani
4 months ago

Recientemente la Corte Suprema de la Nación rechazó el pedido de supresión de información en Google (fallo «Denegri»), por entender que el derecho al olvido, en el caso, colisionaba con el derecho a la información y la libertad de expresión.